MANUEL FACAL

Ketchup, cumshots y drogas

  • Texto: Agustín Acevedo Kanopa
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  • Fotos: A.Acevedo Kanopa
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Manuel Facal.
  • Profesión: Realizador, guionista.
  • Filmografía: 'Achuras' (2003), 'Relocos y repasados' (2013), 'Achuras 2: Feto Voodoo' (2013).
  • Referentes: Quentin Tarantino, Ram Raimi, John Carpenter, Brian De Palma.
  • Proyectos: 'We are not going to Fiesta Nibiru' (en producción), 'El grano' (en desarrollo).

Uno entra a la casa de Manuel Facal y descubre que prácticamente no hay luz. El cable de la persiana del living se rompió y se derrumbó torcidamente como si fuera una hilera de dientes quebrados. La lámpara del techo pende sin bombita. Uno se imagina que lo único que ilumina ahí en la noche es posiblemente la luz de una computadora. Entre las sombras se puede ver un ajado póster de Las Tortugas Ninja y, siguiendo la luz, termina por desembocar en un cuarto iluminado que da a un pozo de aire en el que se filtra el pálido reflejo del cielo encapotado.

Entrar al cuarto de Facal es como entrar a su mente: ahí, regado por la habitación, cómics, vinilos de bandas de hardcore y punk, vhs, pósters y más cómics. Arriba de la biblioteca, como si fuera un proyecto escolar de ciencias físicas archivado por años, asoma el porro gigante que fuera usado en uno de los recuerdos distorsionados del protagonista de Relocos y repasados (2013). Sobre las paredes, escaletas de acción de películas que no se hicieron o que sólo se exhibirán en la cabeza del director. Facal y su obra se continúan entre sí. Desde los rústicos intentos de largometraje en Achuras (2003, 2014) a la producción más cuidada y producida de Relocos (con varios cortos y proyectos paralelos de por medio), su obra –enganchada en esa nueva progenie de directores jóvenes seguidores del cine de género- siempre parece estar guiada, más que por un detenimiento concienzudo y calculador, por unas ganas constantes de producirse, reproducirse y canibalizarse. Un cine con mojones bien marcados y con un carretel lejos de tierra.

—Presentaste Relocos y repasados en el Fantastic Fest de Estados Unidos y Achuras: Feto Voodoo en Argentina, ¿cómo se dieron estos eventos?

—Fue una experiencia increíble. El Fantastic Fest es en cuanto a cine de género lo más grande que hay en Estados Unidos, y aparte fuimos con varios uruguayos y toda la experiencia fue distinta a cualquier otra cosa. No se parece a ningún festival grande, es un festival de fans y no tanto de negocios y caretaje, estaba rodeado de gente que miraría las mismas películas que yo. En cuanto a la película, le fue bien, la gente se rió y salieron unas críticas en Badass Digest, que es bastante popular, que le dieron para adelante. También fuimos a Buenos Aires con Achuras 2 al Buenos Aires Rojo Sangre, que de Latinoamérica junto al Fantaspoa es de los más importantes. Fuimos hace nueve años con un corto y ahora volvemos.

—Aunque el cine de género no esté desarrollado en nuestra cinematografía, también permite una conexión más rápida con cines de otros países. 

—Hay un mercado internacional mayor que para cualquier otro tipo de película. El hecho de que se hagan películas de terror acá sale de una necesidad mundial de que no necesitás muchos elementos para hacerlas. Entonces es idóneo Latinoamérica para este género, de hecho en Argentina hace poco el INCAA sacó una serie de leyes para apoyar a una movida de películas de terror que se le vino arriba.

—¿Cuál era el corto que presentaron en ese entonces?

—Romeo contra la muzzarella asesina.

—¿Cómo es volver a ver películas de esa primera camada?

—La vi hace un tiempo y no me gustó nada. Ese corto lo hice como lo pensaba a mis 15 años y no tenía control sobre cuántos planos iba a necesitar para contar una historia. Lo veo hoy en día y hay un montón de planos innecesarios que me pongo a pensar que con cinco menos podía contar la misma acción: es la famosa economía narrativa.

—Justamente algo en lo que te especializás es en los storyboards, algo que tiene que ver con el cómic. Vos venís de ese palo también.

—Es cierto, yo hago cómics a veces, hacía más antes. Es muy parecido en el sentido de los cuadritos y la secuencia pero el storyboard es más como un manual. Capaz que por esa cuestión de que tengo una costumbre de dibujar es que hago los planos de toda la película, cosa que es medio excesivo. Vos en general hacés el storyboard de algunas escenas complejas, de acción o de algo específico. Nadie me dijo eso cuando empecé, entonces hacía todos los planos; no puedo sacarme ese hábito.

—¿Cómo juega ese hábito para el resto del equipo de realización?

—En general creo que a la mayoría de los técnicos le sirve tener un dibujito en vez de tener un guión técnico. El dibujo en el momento del rodaje, que no hay tiempo que perder, lo ves un segundo y ya lo tenés.

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—En ese sentido, ¿cómo es tu relación con los directores de fotografía?

—Bueno, bien, y por otro lado medio problemática a veces. Por ejemplo, Pedro Luque no estaba acostumbrado a trabajar con directores que venían con todo el storyboard hecho y a él que le gustaba crear los encuadres y en Relocos se encontró con alguien que le decía “tomá” y le daba todo dibujado. Hubo veces que en el rodaje se dieron muchas tensiones porque yo le decía “no, esto tiene que ser así, yo lo dibujé”.

—Es también el problema entre los guionistas muy minuciosos y los directores.

—Sí, el tema es que el guionista no suele tener tanto peso en la jerarquía. Después en el rodaje está, pero depende mucho más del director. Igual con Pedro se arregló al final, el cedió, yo cedí y encontramos un punto en común. Aparte de todo esto, Relocos fue el primer rodaje profesional que tuve, que trabajé con 30 personas, que para el cine en general es chico pero para mí era enorme. Lo anterior era filmar con una camarita chiquita con mis amigos y no tener a nadie que me dijera nada, tenía un control absoluto. Cuando uno entra a un rodaje profesional tiene que adaptarse a esas jerarquías en el sentido de que todos estén contentos y todos respeten sus lugares.

—Es curioso lo que planteás, porque por un lado hay en vos algo de tomar el control completo, pero por otro una larga historia de colaboraciones con otros creadores como Maximiliano Contenti, Guillermo Kloetzer y los de Área 4…

—Es que es otro mundo ese. Son rodajes tan chicos y tan guerrilla… es otra cosa. También fue un entrenamiento muy bueno para entrar a ese mundo más pro porque te arma como un todo terreno. Estás acostumbrado a todas las contrariedades posibles y no le tenés miedo al tiempo.

—¿Te sentís más cómodo en el formato guerrilla o en el de películas más grandes?

—Es difícil de decir porque mi única experiencia con películas grandes fue la de Relocos, que en realidad todo el mundo me metió miedo de que iba a ser más complicado pero para mí era un placer tirar tomas y eso. Me gusta un poco más la idea de un punto intermedio, que no se gaste tiempo al pedo y a la vez tener las condiciones más o menos óptimas para hacerlo.

—Es interesante en ese plano que casi al mismo tiempo exhibieras Relocos y Achuras 2, ya que son de dos facturas completamente distintas.

—Para mí con Achuras fue volver a lo que era antes pero de un modo mucho más intenso, porque fue filmar todo en una semana, con dos unidades. Pasamos de un extremo a otro. Relocos tomó cinco años, Achuras tomó uno…  el año pasado los pasé editando dos películas que se pensaron desde puntos completamente distintos y la idea próxima sería encontrar un punto intermedio.

—También el tema de la difusión fue distinto.

—Sí, claro, en Relocos había un número de plata que obvio que en Achuras nunca íbamos a tener. En realidad la sacamos porque había una necesidad de salir con algo nuevo, porque veníamos ya cansados de Relocos, ya había pasado un año de postproducción y dijimos “ta, hagamos algo rápido”. No teníamos muchas expectativas, en realidad teníamos la idea de subirla directo a Youtube pero nos quedamos muy contentos con el trabajo final y dijimos “ta, probemos cosas para darle más movida”, como sacarla en vhs y hacer interesar a la gente. Incluso entramos a ofrecérsela a coleccionistas de vhs en Estados Unidos y se re coparon con la idea y empezaron a mandar mails diciendo “¡quiero, quiero, quiero!”.

—En el caso de Relocos tuviste que empezar a trabajar con una productora, vos que venías de experiencias de colectivos y autogestión ¿Cómo te resultó la experiencia? ¿Fue una ventaja o tuvo sus rispideces?

—Sí, obviamente las tuvo. Lo que pasa es que en Relocos la concepción del guión era “quiero hacer una película que no sea exactamente como yo suelo hacer las cosas, sino en el camino tradicional de hacer una película”, y ta, la forma de hacerlo era traer una productora que moviera el proyecto en diferentes lugares, etc. Entonces, la idea era algo como un experimento. No era onda “ah, quiero subir de status”. Pasa mucho con el cine de terror y las cosas que se hacen por acá, de que hay muchos nichos y tienen esa cosa de “ah, no nos dan bola, entonces voy a hacer películas underground de esta manera y que se vayan a la mierda todos”, y en cierto punto es muy fácil ponerse en esa posición de cerrarse a todo. Yo quería pasar por el proceso más tradicional solamente para desmitificarlo un poco. De ahí sacás cosas de onda “ah, mirá que bien” y bastante otras de “quiero hacerlo a mí manera”. Es por eso que Achuras y Relocos fueron un contrapunto interesante, porque era volver a lo que sabíamos pero con un “mirá lo que aprendí justamente de este otro proceso”.

—¿A cuál de tus películas le tenés más cariño?

Achuras 1 no la cuento porque es algo así como un ensayo que hice cuando tenía 20 años. En este momento diría que a Achuras 2 porque es de las que me siento más orgulloso. Porque fue un sueño de querer hacerla rápido, porque tomó un año entre que se escribió y se rodó y yo lo tomé como un logro. A partir de ahí confirmamos que podíamos hacerlo y que vamos a hacerlo de vuelta. Ahora estamos haciendo una película de la misma manera, We are not going to Fiesta Nibiru.

—¿Qué pensabas cuando hiciste la primera Achuras? ¿Cuál era tu idea original?

—Estaba desesperado por empezar una película, porque empecé a escribir cuando tenía 14 y tenía 20 y pensaba que había perdido un montón de años. Lo que pasó es que en base a esa desesperación, que le ganaba a todo juicio racional capaz de determinar qué podes poner frente a la cámara y qué no, no había ninguna noción de lo que era fotografía ni nada. Me guiaba por la única idea de poner en la pantallita lo que había puesto en el storyboard. Pero también pasaba eso de que había un cierto humor implícito que estaba en el guión, que por ahí mis amigos que actuaban en la película -que solamente estaban ahí por ganas de ayudarme- no entendían, o yo era incapaz de hacerles entender el chiste. Era algo muy extraño, por eso hay algo bizarro en ese film, algo que no da con el tono.

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—¿A qué edad empezaste a acercarte al cine?

—Todo empezó cuando vi Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) a los 13 años. Yo antes era más que nada fanático de los cómics pero cuando vi las películas de Tarantino y de Robert Rodríguez, que tenían la fama de ser los rebeldes de Hollywood, eso me atrajo mucho y empecé a escribir los guiones, porque accedí a internet bastante temprano y una de las cosas que descubrí ni bien empecé a usar internet era que había una página llamada Scriptorama que tenía colgados un montón de guiones. Entonces empecé a copiar el formato. No tenía idea de cómo construir una historia, eso básico de “principio, desarrollo y final”, pero sí sabía cómo hacer un encabezado, eso de que cuando empezaba una escena decía “Int.”, indicando interiores y esas cosas. Así empecé a escribir guiones. Si bien tenía una cámara vhs nunca fui muy bueno con la parte tecnológica y además en esa época, los ’90, si querías editar tenías que hacerlo con dos vhs y eso me parecía horrible, los cortos quedaban mal, muy frustrante. Entonces lo empecé a canalizar de esa manera y escribí varios guiones hasta que en el 2002 conocía a Pablo Praino y el sí tenía interés en cine y en la parte técnica, y éramos los dos en Maldonado que teníamos gusto por el mismo tipo de películas y nos juntamos y empezamos a trabajar más cosas. Cuando nos mudamos a Montevideo conocimos a un montón de gente que andaba en la misma y se fue dando esa cosa de una mini sociedad en la que nos retroalimentábamos mirando películas juntos y planeando cortos.

—¿Cómo era tu vida en Maldonado?

—Medio aburrida. Yo pasé toda mi adolescencia en Maldonado. Nací en Suecia, hice la escuela en Montevideo y después me fui a Maldonado. Era ir cada vez a un lugar más chiquito. No encontraba gente que tuviera mis mismos intereses. Fue así que en ese tiempo me volví medio ermitaño, pero ahora más de grande le he agarrado mucho cariño.

—Una vez en Montevideo estudiaste cine formalmente, en la ECU, ¿cómo fue esa experiencia?

—Lo más positivo fue conocer a los amigos. Achuras para nosotros fue una experiencia de vida porque era todo nuevo y en la Escuela aprendía nombres técnicos y cuestiones que no me interesaban mucho. En la ECU había mucha gente que estaba interesada en meterse en el mundo audiovisual pero no sabía qué quería hacer: en mi generación no quedaron muchos que estén dirigiendo películas. Creo que hace unos años –no sé si sigue siendo igual- estaba muy de moda hacer cine. En realidad me pareció medio raro que habiendo tantos estudiantes hayan salido tan pocas películas. Independientemente de los fondos, porque podés hacer películas sin necesariamente ganar fondos públicos.

—Una vez me dijiste que te interesaba la idea de tener una obra, una filmografía, y en eso habías tomado como referente a Ricardo Islas.

—Sí, me gustan mucho las películas de género de los ’70, tipo Roger Corman. Vos te fijás también en Imdb la listas de películas que hicieron directores de películas italianas de esa época y son cachotes inmensos, de hacer dos o tres películas por año. Desde que empecé a realizar películas e investigar a esos directores siempre me interesó mucho esa cosa de hacer películas rápidas. Yo veo esas filmografías y me digo “pah, yo quiero hacer estas películas”, porque me parece la mejor vida, la vida más divertida que podés tener. Los italianos hacían películas de terror, westerns, policiales y películas de guerra porque eran contratados, los llamaban para hacer eso. Roger Corman iba a las escuelas de cine buscando talentos y les daba la oportunidad de hacer una película; imaginate que te llame Roger Corman y te diga “hacé una película de motociclistas, no importa lo que hagas, sólo quiero que tengan motos, una escena de sexo y un buen póster”. Yo ante eso pienso “bueno, estoy en el lugar y en el momento equivocado” y entonces Relocos fue un poco de eso: quise hacer una película de drogas para que fuese polémica y la gente fuera a verla. Me gustaba la idea de “hacé lo que quieras”, es una película que me encargué a mí mismo.

—En ese sentido de ser un caza recompensas del cine, surgió esta cuestión de hacer guiones para el canal porno Divas TV.

—Sí, eso ya lo terminé pero fue una experiencia bastante nutrida con respecto a lo que tuve que escribir, porque escribí cerca de 80 guiones.

—Fue interesante cómo de la nada surgió una productora porno y que justo contratara a escritores jóvenes. Era algo que también había pasado con los comienzos de Wes Craven: una vuelta a los ’70 en Uruguay.

—Eso y además que decidieran hacer películas en el formato historia, porque hoy en día hay mucho porno que es tipo, como real, en el cuarto de hotel. Esto era historias y era increíble porque tenía que quedarme en mi casa y escribir en el día un guión que se filmaba al día siguiente. Era esa idea de “esto se va a producir mañana”, había un montón de limitantes que me ponían contra la pared y escribir así de cómo resolver una situación que escribí ocho veces antes, del orden “en un prostíbulo se juntan narcotraficantes” y el diálogo de dos páginas de “este tipo conoce a esta prostituta y se dan”, cómo resolver eso sin repetirse. Traté de divertirme lo más que pude y abarcar varios géneros, pero se dio de a veces decir “bueno, vamos a jugar con esto, con la fantasía esta de ver qué le podemos dar”. Pero es un terreno delicado,porque a veces le metés mucho humor y si le metés demasiado humor, como que se te va la excitación.

—Se habló bastante de cómo podría ser una temática específicamente uruguaya en el porno, ¿lo uruguayo se incluyó o intentaste hacer la historia lo más genéricamente limpia?

—Sí, de hecho se solicitó de parte de la producción, pero a veces era difícil… En realidad yo tenía que hacer historias que tuvieran que ver con historias de acá, por ejemplo, un carrito. Pero lo que pasa es que todas las películas tenían que ser filmadas en  interiores y no te podías ir mucho a lugares conocidos. Pero sí, el lenguaje era mucho de acá, de repente en el Mundial saqué muchas ideas…

—¿Cuál es la historia más bizarra que escribiste?

—Bueno, hice una parodia de Relocos y repasados porque si no escribo yo mi propia parodia nadie lo va a poder hacer.La historia es la película reducida, sólo que en el final de Relocos es “la amistad es lo que vale” y esta termina en una orgía.

—¿Pudiste estar en el set?

—Me invitaron pero me vino vergüenza y no fui.

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—Hablando de cumshots, ¿cómo es que hacés la sangre para tus películas?

—En Achuras 1 era kétchup y no, no es muy efectivo. Además después lo metés en la heladera y se lo ponés a la gente y le da frío, se queja, el olor, esas cosas. Después, Joaquín Tomé (Elías en Relocos), empezó a encargarse de hacer la sangre con chocolate y otras cosas. Yo siempre tuve ganas de hacer una especie de cumshots con sangre, tipo esos primeros planos del estilo de George Romero.

—¿Preferís los efectos manuales antes que los especiales hechos por computadora?

—Soy fanático de los efectos prácticos. Hubo un período en los ’80-’90 que era una forma de arte que llegó a su pico y que justo al final de ahí llegó el CGI y se fue perdiendo. Cuando hago una película me gusta reivindicar eso. Justo ahora vamos a hacer una película con una chica que trabajó con Tom Savini en Estados Unidos, y eso es como un sueño mío, trabajar con alguien que realmente sepa eso para hacer ese tipo de películas. Porque los efectos especiales son más armados en base a lo que salían.

—¿Cuál es el tipo de terror que te gusta?

—Me gusta la comedia de terror, que siempre fue un subgénero menospreciado. No lo considero como una falta de respeto, por lo general creo que una buena comedia de terror no se ríe del terror sino que lo celebra. Con Achuras 2 quisimos hacer eso.

—¿Cuáles son tus tres películas de terror favoritas?

—Las tres son bastante clásicas y me marcaron tanto que no podrían saltearse de ser nombradas como mis favoritas. Tengo una historia con Evil Dead, por años estuve obsesionado con esa película. Era una película mítica que no estaba en el videoclub de Maldonado y entonces tenía que leer sobre ella e imaginármela con las descripciones de cómo se veía. Me hablaban de la locura de la forma de filmar, de lo que Sam Raimi tuvo que hacer para realizarla y yo tenía que escribir para imaginármela. El primer corto que hice fue Evil Dead sin haber visto Evil Dead, esa necesidad de “a ver, cómo se ve esto”. Por suerte, cuando la vi no fue una decepción, fue tan buena como me la había imaginado. La segunda es Masacre en Texas (Tobe Hooper, 1974), la primera vez que la vi me destrozó la cabeza por más que esa primera vez la vi en una condición completamente atípica: de día con mi madre pasando la aspiradora al lado, sólo, en un vídeo, pero aun así me quedé obsesionado. Y la tercera es Halloween (1978) . Yo soy re fan de John Carpenter, y me parece perfecta. Tarantino es mi director favorito, ponele, pero no creo que se note tanto su influencia en mi trabajo. De Evil Dead creo que es la que más saqué: cómo filmar los ángulos, dónde poner una cámara. Con las primeras cosas de Peter Jackson también, con Meet Feebles (1989), Braindead (1992).

—Si bien Achuras es una especie de celebración dentro de un grupo, en Relocos lo que funcionó fue la identificación de la gente con lo que pasaba.

Relocos surgió de historias y personajes y siguió por ese camino. Parte del experimento era hacer una película que llegara a varios cines y que la pudiera ver gente que no se parece a mí. Eso me parece muy atractivo, cómo conectar con gente que nada que ver.

—Hiciste Fulano’s World, que sólo aparece en tráiler en Youtube.

—Es mi película perdida. La hice entre Achuras y Relocos, fue mi fallo más grande porque la filmé toda, la edité y no me gustó el resultado y tomé la decisión tajante de decir “me la quedo para mí”. Realmente fue un aprendizaje muy importante. También hay todo un tema que es que el protagonista soy yo y es un personaje muy detestable. Eso es algo que siempre termina jugando en contra. No quiero verme así. Pero además creo que es una película que hice por ganas de filmar algo, y el proceso de hacer la película fue muy desprolijo, la filmaba cada tanto y cuando junté todo me di cuenta de que estaba todo muy disparejo.

—¿Cuáles son tus próximos proyectos?

—Tenemos varios, uno que se llama El grano y estamos buscando ir por el camino más tradicional, de buscar fondos y esas cosas. Es una comedia romántica que se va convirtiendo en una película de terror psicológico. Es como Cuando Harry conoció a Sally (Rob Reiner, 1987) mezclado con Posesión (Andrzej Zulawski, 1981). Es tan rara que hasta ahora no hemos tenido mucha suerte porque la gente la mira y pone cara de “¿qué?”. Y está Fiesta Nibiru que es una peli de ciencia ficción, que son cinco pibes en una fiesta, una noche, cosas raras que pasan. Van a haber efectos especiales y esas cosas…

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—Y después tenés ahí, diagramado en la pared, el proyecto Rock and Roll Hell House.

—Yo no tengo eso de me caso con esta película. Quiero en estos años recuperar el tiempo que estuve sin hacer más películas. Lamentablemente vivimos en un país donde el proceso natural para hacer una película son cinco años.

—¿Cómo ves el escenario local?

—Yo que sé, ha crecido, pero yo personalmente me sigo sintiendo por fuera. Tengo una serie de proyectos y trato de mantenerme lo más abierto para otros proyectos que vengan, lo que pasa es que de repente estás dependiendo de fondos y no los conseguís y te frustrás y te dan ganas de mandar todo al carajo. Pero por eso estamos en un proyecto que no sé si llamarlo una productora, yo la consideraría más una ideología, que se llama PRYSA, que quiere decir “Películas Rápidas y sin Amor”. Es que en realidad el “sin amor” se volvió totalmente irónico. La idea se dio en una charla que tuvimos mientras hacíamos Relocos que era “basta de estar esperando tanto tiempo, hagamos películas rápidas y sin amor”. Achuras 2 fue la primer película que hicimos con ese lema, eso de no esperar a que las circunstancias se den, sino salir y hacerlo ahora que estamos más preparados, ahora que encontramos como un punto intermedio. Pero me sigo sintiendo un outsider, porque más allá de la fama de Relocos yo sigo siendo ese loco que sigue haciendo esas películas extrañas.